Cada cierto tiempo aparecen producciones que nos devuelven a pensar
sobre el campo educativo. Existen a lo menos más de 100 películas y
documentales que tratan de revelar la densidad de una función social que cruza
los intereses de los Estados y las comunidades de aprendizaje. En algunas de
ellas las tensiones se presentan en los climas de relación entre padres,
docentes y estudiantes en contextos particulares (ahora me vienen a la memoria
clásicos de esta temática La lengua de las mariposas, La clase, La ola, La
sociedad de los poetas muertos… por citar algunas).
¿Cómo se explica esta recurrencia? La respuesta fácil implica reconocer
que el sistema no funciona como idealmente lo consideramos, una obviedad, y una
fortuna para quienes encuentran en este fenómeno un tema que siempre genera un
público permanente: todos nosotros educados, educandos…inteligentes pero poco
comprensivos.
La respuesta difícil (sin que sea entendida como verdad) sino como
ejercicio interpretativo supone una cara más perversa, incómoda y dolorosa… Los documentales y las películas devenidas “de
culto” son reflejos permanentes de una incapacidad y un eterno retorno.
No obstante, “La educación prohibida” en narrativa local, y “Detachment”
en línea (si se quiere) -global-, nos ofrecen variaciones sobre un tema
central: La emoción como vector de tránsito para mapear el problema de larga
duración. En la primera, se enfatiza el amor como una salida probable (Con un
desenlace un tanto melodramático en el que el llanto irrumpe a manera de
conciencia colectiva), en el segundo caso, la emoción (Con el conocido cliché
del suicidio) propone una pregunta no por la búsqueda de un culpable y unas
víctimas diferenciadas, sino una lógica de corresponsabilidad, donde a manera
de falso documental, los involucrados en el asunto, en la complejidad del
problema que convoca, se interpretan igual de perdidos y nostálgicos…todos
somos responsables y compartimos la misma angustia de sentido.
Así, en contraste, hay algo en “Detachment que a mi manera de ver es
mucho más significativo a pesar de ser una –representación- y es que los
personajes develan que más allá de la opresión del sistema y las conocidas
dimensiones del saber poder, sus vidas, sus experiencias y visiones de mundo
son constituidas de a partir de un panorama ético y estético, es decir, el
producto de la realidad compartida es precisamente la motivación por elegir un
camino por mera convicción, un ejercicio de libertad en el cual es el DESEO el
motor para subsanar en parte, no una solución macroestructural sino una
revolución molecular…una opción por lo singular y por la potencia de quienes a
riesgo deciden transformarse. Esto significa que del problema de la educación
se trasciende a un plano por la pregunta formativa.
Sin lugar a dudas lo que hay que resaltar del documental “La educación
prohibida”, anunciado como “gran estreno mundial” (y vale la pena caer sobre el
motivo del despliegue publicitario en redes sociales e incluso en instituciones
universitarias en las cuales sus agentes típicamente tradicionales y plegados a
las lógicas de calidad, acreditación etc. Posan como distribuidores de una “Gran”
revelación (Un paliativo).
El gran estreno de la “verdad” compite metafóricamente con la
distribución comercial de Detachment (otra verdad) y nos invita a -colaborar- con los aproximadamente $ 26.000 US que se
cotiza cuesta la implementación del proyecto reevo, (ver reevo.org) y en el que
la “educación prohibida” se muestra como punta de lanza. Entendemos así el éxito de su estreno y vale
bien por sus organizadores, pues se destaca de que manera como colectivo existe
un nivel de conocimiento sobre la operación de la dinámica económica propia de
una industria cultural (última etapa del capitalismo)… se requieren socios
estratégicos, aportes para la construir la otra máquina educativa “liberadora”,
ésta con unos valores centrados en la movilización de experiencias no lineales
en educación, repositorio de ideas y proyectos entre otros.
Insisto en resaltar que el documental es ilustrativo en tanto explicita
la posibilidad de un trabajo colaborativo por medio de la organización y constitución
de una red de colaboradores que bajo ciertas dinámicas diferenciales son capaces
de producir un material (en este caso un audiovisual) y repartir tareas bajo
otra forma con el fin de concluir un objetivo, usando servicios, metodologías e infraestructura dentro del espíritu de la
tendencia copy left y de las aplicaciones liberadas como Blender, Open office
entre otras.
El producto resulta interesante y es un llamado para que muchos de
nosotros finalmente entendamos que es posible no solo ponerse de acuerdo, sino propiciar
encuentros de distintas fuerzas para la consecución de fines y políticamente éste
es buen inicio, un buen ejemplo.
Pero lo que personalmente no termina de satisfacerme en este producto es
su vocación por la reiteración de la culpa bien sea de los docentes, de las
escuelas, de los padres etc. Si aceptamos como sociedad, que todos en una u
otra forma somos los responsables de una educación que evidentemente tiene
todos los problemas sobre los que se ilustra el documental (con un aire un tanto mesiánico pero que en
verdad no resultan para nada novedosos). Creo que opera como dispositivo
informativo pero las preguntas que quedan en el aire ¿era necesario un documental
de más de dos horas para re-conocer las tensiones y conflictos del proceso
educativo? Y si lo es ¿a quién va dirigido? Esta última pregunta es mucho más
inquietante, ¿Quienes son el objeto de la información? ¿Los padres? ¿Los
estudiantes?, ¿los maestros?, ¿el Estado?, ¿a todos siendo ese todos ninguno a
la vez?. Peor aún ¿Es importante este “asombro”?
Sé de entrada que estas inquietudes pueden resolverse con afirmaciones
como “es necesario que nos demos cuenta de la situación” “Es un trabajo muy
serio y extenso, riguroso” “Ayuda a proponer el debate fuerte en educación en Latinoamérica”
“Hay que despertar” etc. Son (y este es de entrada el motivo de ésta reflexión)
consideraciones de no más de 140 caracteres que en la misma lógica de sujeción
que criticamos resolvemos con un “I like” o un hashtag viral.
Así, como pieza visual con carácter de documental adquiere un matiz que
pretende denunciar y visibilizar una situación y unas problemáticas que no son
novedosas, pero que los expertos que se pronuncian de una forma casi grandilocuente
como portadores de una revelación (que a todas estas constituyen más de 4 generaciones
en Latinoamérica). Lo que hace pensar
entonces ¿cuál es el efecto real de los discursos pedagógicos (si es que
existen en plano local)? ¿Por qué han sido tan ineficaces para trabajar sobre
estas verdades de a puño? En este mismo sentido, las entrevistas (que no experiencias)
que se muestran (más de 100) como “realmente” innovadoras, apelan en sintonía a
que los niños y los jóvenes son protagonistas, pero no hay testimonios visibles
de ellos en el trabajo documental ¿No son los mismos expertos con sus mismas
imposturas? ¿O son los -otros expertos-, que logran detonar al fin su propia máquina de
producción de verdad?
La defensa de la recepción argumenta que sirve este material para
develarnos una realidad y que su función por lo tanto es la sensibilización
frente al problema, pero yo me pregunto ¿hasta qué punto quienes preparamos a
futuros docentes, quienes ya enseñamos y participamos de procesos comunitarios
formales o informales etc. Somos capaces de convocar otras fuerzas? ¿En qué
medida nuestro discurso, nuestra investigación y producción de conocimiento se
transforma en testimonio de vida (no es una afirmación moral sino ética)? ¿Es la “educación prohibida” un signo concreto
de sub-versión creadora?
Mostrar a los estudiantes como las grandes victimas es complicado, pues
si bien es cierto el sistema educativo requiere una transformación y un cambio
de cara a los retos y necesidades de este siglo, creo que parte del asunto es
devolver la responsabilidad a quienes por falta de entretenimiento desprecian
la escuela… (Entendida este como campo, como lugar y no simplemente como un
estacionamiento, como máquina de retención, pues en últimas somos todos quienes
hacemos de este espacio una u otra cosa). Tal y como se caricaturiza en el
documental, estudiantes bostezando…aburridos etc .A falta de un método, una
didáctica que sea capaz de “competir” con el mainstream, se termina pensando que el esfuerzo que debe hacerse
por el saber debe ser por norma general “entretenido”, igual que un video juego, y que la disciplina
no institucional sino personal, espiritual, no conviene en tanto no existe un
referente externo que convoque. El amor, la ternura, son cualidades de
pensamiento superior y en este sentido no devienen de un currículo o un
proyecto, sino de un tipo particular de individuos, unos que desean
profundamente conocer y aprender. Cada actor en este sentido (estudiante,
maestro, padre de familia etc.) es reflejo del otro, por lo tanto, a fuerza por
encontrar un esquivo culpable, una mano asesina del saber que nos ayude a mitigar
o exorcizar nuestra falta de compromiso, nuestro nihilismo y “aciago” futuro,
nos conformamos con la condena.
Estos materiales permiten en últimas un debate abierto y menos ingenuo,
no solo como piezas en las cuales disolvemos muchas responsabilidades, entre
ellas la del típico estudiante que culpa a la institución, a los maestros y
nunca a su propia mediocridad… Saber lo que se denuncia allí, es condición necesaria
de cualquiera que se nombre estudiante o académico pues la crítica y la
distancia analítica es una habilidad que ninguna institución promueve, solo el
deseo personal es lo que la despliega y la hace posible.
Para invitar finalmente a una discusión académica resalto el texto de
2003 (277-278) de Meirieu & Develay: ”Es así como el discurso
culpabilizador alimenta al discurso victimario: entre más se acusa a los
profesores de hacer mal su trabajo y entre ellos se sienten víctimas de un
complot, más se insiste sobre sus errores e incompetencias y más se cultiva en
ellos el sentimiento de ser blanco injusto de todos los ataques. De hecho, entre
más resaltan sus responsabilidades, más se les ofrecen medios para escapar a
dicha responsabilidad. Simétricamente, el hecho de señalar a los profesores
como víctimas, les permite a estos refugiarse en la inacción y esto es lo que
nunca faltará para culpabilizarlos. Se dice que la víctima no actúa, se deja
llevar por las circunstancias y su pasividad no le impide, jamás, despertar la
sospecha de la complicidad….lo que reactiva, por supuesto, el discurso
culpabilizador!” (Emilio, vuelve
pronto…se han vuelto locos. RUDECOLOMBIA 2003).
En consecuencia la educación prohibida puede sensibilizar a algunos
(¿Quiénes no sabían esto acerca de la educación? Pregunta interesante, incómoda
pero interesante. Para otros corre el riesgo permanente de ser un panfleto
técnicamente muy bien elaborado y distribuido en el que plácidamente los
implicados resuelven sus culpas, con la historia, con los poderes intereses
propios de la modernidad, con las instituciones represivas, de control y
disciplinamiento, con los estados, con la familia, con los docentes etc. ¿Qué
nos hace capaces? ¿Si la escuela tradicionalista con su sistema de control,
exclusión es tan efectiva para dominar y sujetar y producir buenos obreros
calificados…donde están? ¿Qué otras variables se escapan a este simplismo para
comprender nuestra situación como latinoamericanos a nivel global? ¿Si la
escuela retiene poblaciones tal y como sucede en efecto, no requeriríamos de una
transformación del orden social en general? ¿O unos proyectos educativos
liberadores no tendrían que toparse con la cruda realidad de ofrecer personas a
un sistema productivo cultural que no los acepta? Entonces, ¿Cuál es el debate
de fondo? ¿Transformar la escuela es signo de cambio social?...